• Habitación propia,  Lidia

    Mercedes

    Hace tres años me instalé en esta casa, al parecer, estuvo deshabitada varios años, la humedad la invadió y los bichos se instalaron. En aquel momento pagué a alguien para que con escalera y escoba quitara las decenas de telarañas, pues me producían nervios y escalofríos, no las quería conmigo. Meses después,  cuando empecé a sentir esta casa como un hogar, vi que en mi habitación, en la esquina del techo que observo cuando me acuesto, una pequeña araña construía un refugio con su extraordinaria seda. No me alarmé, ni me dio miedo, pues la vi muy pequeña e inocente. Sin embargo, con los días fue creciendo y poco a…

  • Habitación propia,  Lidia

    Laotong —“mi otro yo” o “alma gemela”—

    De frente a esta gran ventana, me enfoco en un hermoso árbol al cual admiro y que es grande, verde y  viejo. He terminado de Leer “El abanico de seda” de Lisa See y rememoro con mucho sentimiento los lindos momentos de amistad que he tenido con otras mujeres. Esas cartas  y tarjetas de amor que compartí con ellas mientras estudiaba en un colegio de mujeres, todos esos “voy a llorar” frente a mi amiga confidente para anunciar que necesito su consuelo, las carcajadas compartidas al recordarnos de nuestros fracasos amorosos y esos gustos que ahora ya no podríamos volver a tener (espero), los correos intercambiados desde la distancia de…

  • Habitación propia,  Lidia

    ¿Y tú?

    Respiro la lluvia que fluye del cielo gris y te recuerdo Recuerdo cuando fuimos árboles Yo era un árbol frondoso, alto y fuerte Llena de bellas ramas Ramas llenas de hojas que bailan Bailan sensualmente con las tuyas Y te amaba Amaba tu tronco igual que el mío Nuestras ramas se abrazaban Nuestras hojas se besaban Nuestras raíces se encontraban y se entrelazaban en pacto de amor Éramos iguales Compartíamos la vida Pero morimos No existe más la selva que nos cobijaba Y ahora en esta vida mi sexo importa No soy igual a ti No sé en dónde estás Extraño nuestros troncos sosteniéndose uno al otro en un abrazo…

  • Habitación propia,  Lidia

    Beso #1

    El viento de mayo te trajo a mi mundo solitario Llovía cuando tus labios sentí por primera vez Entre nervios y calor sentí tus ramas enredándose a las mías Nuestras raíces se abrazaron haciéndonos cosquillas Reímos viéndonos los ojos, sintiendo nuestra respiración Así inició el juego de la ternura; donde habitan las ganas por descubrir escondites y sensaciones del cuerpo. A mí me inunda el deseo de habitarte la mente y acariciarte el alma, acompañarnos en los momentos que nos traiga el horizonte y recrear el amor en forma de beso.

  • Habitación propia,  Lidia

    Felices dos años

    Recién hemos cumplido dos años en Eva, y lo que puedo decir es que me hace tan feliz contar con otras mujeres para leer, discutir, platicar y convivir. En Eva he aprendido a reconocerme en otras, a valorar la diversidad, a sacar la voz desde la experiencia y lo que se piensa, en Eva he hecho amigas. A Eva, círculo de lectoras, le tengo mucho cariño; fue un proyecto que iniciamos entre amigas y me hizo ver que se puede trabajar entre mujeres y construir comunidad, me dio la seguridad para pensar en hacer otros proyectos y así nace también la idea de buscar a otras mujeres y formar el Observatorio Contra el…

  • Habitación propia,  Lidia

    ArtEnea sin su Zeus

    He querido escribir esto desde hace tiempo, sé exactamente lo que escribiré porque lo he pensado una y otra vez, cada día, cada mes y hoy que se cumple un año de su partida, al fin lo estoy haciendo. De niña descubrí el libro ¡Por todos los dioses! y me encantó, realmente me fascinó la idea de dioses y sobre todo de diosas, deidades muy poderosas capaces de fulminar humanos así como de salvarlos y hacerlos héroes. Después de este libro, me involucré en el mundo, cielo e infierno de la mitología griega y así me identifiqué con Artemisa y Atenea y tomé el nickname de ArtEnea. Décadas después, me…

  • Habitación propia,  Lidia

    La mujer árbol

    Llovía rítmicamente, cada gota entonaba un sonido que me despertaba de ese exquisito sueño, nada más pacífico que dormir al sonido de la lluvia. Por la ventana tapizada de gotas se ven ya los zanates reunidos como todas las mañanas vienen a pedirme que los alimente, esperan impacientes que cambie el agua de sus tinas y les de manjares.Me levanto, no sin antes estirarme y terminar de despertar mis ramas, muevo cada una de mis raíces, las muevo despacio, casi sensualmente en la tierra fresca; con mi rama  izquierda despierto al gato Tom que está acurrucado en mi cabello, ha encontrado allí el nido perfecto para sus ensoñaciones. Lentamente saco…